Si buscas la entrada más económica para probar si la alta montaña invernal es lo tuyo sin gastar en exceso, la Simond Alpinism de Decathlon cubre el hueco con un precio muy por debajo del resto y una garantía de tres años, a cambio de ser la más pesada del grupo. Si lo que necesitas es el mínimo peso posible para una aproximación rápida o trabajas como guía de montaña, la La Sportiva Trango Tech GTX es la opción más ligera y flexible, aunque su ficha no publica ni el peso exacto ni una categoría de rigidez. Si prefieres una bota fabricada en España con compatibilidad de crampón automático declarada sin rodeos, la Boreal Triglav, hecha en Villena, cubre glaciar y crestas a un precio intermedio. Si buscas versatilidad entre alpinismo, vía ferrata y senderismo exigente con una categoría B2 impresa por el propio fabricante, la Mammut Kento Guide II High GTX resuelve las tres cosas razonablemente bien. Y si quieres la referencia histórica del segmento, con categoría B2 y compatibilidad de crampón semiautomático declaradas ambas de forma explícita, la Scarpa Manta Tech GTX es la más completa en ficha técnica, aunque también la más cara.
La frontera entre una bota de trekking y una bota de alta montaña no es una cuestión de marca ni de precio, sino de rigidez. Las botas de trekking de media caña que ya analizamos en otra comparativa son flexibles: sujetan el tobillo en sendero pedregoso, pero la suela cede al pisar y, como mucho, admiten un crampón de correa muy básico montado con precaución. Las cinco botas de esta comparativa pertenecen a otra familia: son semirrígidas o rígidas, con una suela que apenas flexiona y una construcción pensada para aguantar horas con un crampón puesto sobre nieve dura o hielo, sin que el pie se mueva dentro de la bota ni el crampón se afloje con cada paso. Esa rigidez es justo lo que una bota de trekking no puede ofrecer, por buena que sea para su propio terreno.
Categoría B1, B2 o B3: lo que declara cada ficha y lo que no
La norma que clasifica la rigidez de una bota de montaña frente al tipo de crampón que admite ya está explicada en la ficha de crampones del glosario: cuanto más alta la letra —de B1 a B3—, más rígida la bota y más exigente el sistema de fijación de crampón que soporta con garantías. De las cinco botas de esta comparativa, solo dos imprimen ese código en su ficha oficial: la Scarpa Manta Tech GTX y la Mammut Kento Guide II High GTX, ambas declaradas B2 por sus propios fabricantes. La Sportiva Trango Tech GTX, la Boreal Triglav y la Simond Alpinism de Decathlon no publican ningún código B1/B2/B3, aunque las tres se presentan y se venden como botas semirrígidas de alta montaña. Eso no significa que sean peores: significa que, a falta de ese dato concreto, conviene fijarse en lo que sí declaran —el sistema de crampón compatible, el material del corte, el peso— para hacerse una idea de su rigidez real antes de comprar.
Esta falta de uniformidad no es rara en el mercado de botas de alta montaña: muchas marcas prefieren describir el uso previsto («alpinismo estival e invernal», «guías de montaña», «terreno mixto») antes que imprimir un código técnico que el comprador medio no siempre sabe interpretar. La página no rellena ese hueco por su cuenta: cuando la ficha no da el dato, aquí se dice explícitamente que no lo da, en lugar de asignar una categoría estimada que el fabricante nunca declaró.
Compatibilidad de crampón: correa, semiautomático y automático
El sistema de fijación de crampón que admite cada bota es, en la práctica, más decisivo que el código B1/B2/B3 a la hora de comprar, porque de él depende con qué crampón exacto se puede salir a la montaña sin riesgo de que se suelte. La Simond Alpinism declara compatibilidad con crampón «de correa o mixtos», la fórmula más amplia y menos exigente con el calzado. La Scarpa Manta Tech GTX está pensada para crampón semiautomático, con un inserto de TPU en el talón que sujeta la talonera trasera. La Boreal Triglav va un paso más allá y declara compatibilidad con crampón automático gracias a piezas de TPU tanto en la puntera como en el talón, un dato que conviene comprobar en tienda con el crampón exacto antes de dar la compra por cerrada, porque no es habitual en una bota de este precio. La Sportiva Trango Tech GTX menciona un inserto trasero «for crampon» sin especificar el tipo exacto, y la Mammut Kento Guide II High GTX no menciona la compatibilidad de crampón en ningún punto de su ficha, pese a declarar categoría B2.
Quien ya tenga crampones y busque bota, o al revés, encuentra el resto del criterio de compatibilidad —qué es un reborde o welt, qué crampón admite cada sistema— desarrollado con más detalle en la comparativa de crampones y microcrampones para senderismo invernal, que recoge la misma regla que se repite aquí: un crampón que no encaja con el sistema de la bota se suelta en el peor momento posible, y ese riesgo depende de la pareja bota-crampón, no de la marca de cada pieza por separado.
Membrana, corte y suela: de qué están hechas
Las cinco botas llevan membrana o forro impermeable, aunque con nombres distintos según el fabricante: GORE-TEX en sus variantes Insulated Comfort (Scarpa) y Performance Comfort (La Sportiva), GORE-TEX de pieza completa en la Mammut, Novadry en la Simond de Decathlon y Dry-Line® en la Boreal. Todas cumplen la misma función —impedir que entre agua y dejar salir el vapor del sudor—, aunque solo Scarpa y La Sportiva usan la marca GORE-TEX, mientras Simond y Boreal recurren a sus propias membranas registradas sin ofrecer una cifra de columna de agua comparable entre sí.
El material del corte también varía: piel de 2,2 mm en la Simond, ante Perwanger hidrófugo de 3 mm en la Scarpa, piel nobuk en la Mammut, y dos combinaciones textiles reforzadas en la Boreal (Teramida y Lorica) y en la Sportiva (tejido antiabrasión con inyección ThermoTech). El cuero grueso, como el de la Simond o el ante de la Scarpa, resiste mejor la abrasión de la roca y el hielo a costa de más peso; los cortes textiles reforzados de Boreal y La Sportiva buscan el equilibrio contrario, algo de rigidez sin cargar tanto peso muerto. En la suela, cuatro de las cinco fichas citan Vibram por su nombre —MONT en la Scarpa, Cube en la Sportiva, New Mulaz en la Boreal y Climbing Zone en la Simond—, mientras que la Mammut usa el compuesto Vibram® XS Trek, más habitual en calzado de senderismo técnico que en alpinismo puro.
Dónde se nota en España
En Sierra Nevada, la subida invernal al Mulhacén o al Veleta suele empezar con nieve dura por la helada nocturna y terminar, ya de bajada, con una capa más blanda si ha salido el sol: exactamente el escenario para el que están pensadas botas semirrígidas como estas cinco, capaces de sujetar un crampón durante horas sin ceder. En el macizo del Aneto, la guía de seguridad del Aneto y la Maladeta recuerda que la vía normal atraviesa tramos de nevero incluso fuera de pleno invierno, y ahí una bota flexible de trekking se queda corta frente al crampón que exige el glaciar.
En Madrid, el Peñalara tiene episodios de hielo más cortos e impredecibles que Sierra Nevada, pero cuando aparecen —normalmente de enero a marzo— exigen la misma sujeción de tobillo que una bota semirrígida ofrece y una de trekking no. En los Picos de Europa con nieve, donde el terreno calizo combina pedreras con tramos helados en las caras norte, la elección de bota se cruza con la de otras prendas de invierno: unas polainas de trekking y alta montaña evitan que la nieve entre por la caña, y unos guantes de montaña para invierno resuelven la otra mitad del cuerpo que más sufre el frío de contacto. Cuando la nieve es profunda en vez de dura, el problema cambia de naturaleza y entran en juego las raquetas de nieve, que no compiten con estas botas sino que se acoplan sobre ellas.