Si el criterio es no complicarse con la cremallera y llevar puesto lo mínimo cada vez que escampa, el Rab Downpour Pants es el que mejor resuelve la papeleta: pesa poco, aguanta 20.000 milímetros de columna de agua y su cremallera de 3/4 se pasa por encima de la bota sin desatar los cordones. Si el presupuesto manda y aun así se quiere una cremallera completa, el Marmot PreCip Eco Fz Pant cubre ese hueco por bastante menos dinero, aunque su columna de agua sea la más baja de las que se pueden verificar. Quien prioriza el tejido más resistente y la confección más cuidada encuentra en el Patagonia Torrentshell 3L la única construcción de tres capas del grupo. Para quien prefiere evitar compuestos fluorados sin gastar de más, el Vaude Fluid Pants II es la entrada más barata, aunque sin cremallera lateral. Y quien no quiere renunciar a las prestaciones de un especialista pero sí al precio, el Forclaz MT900 de Decathlon iguala la columna de agua del Rab y la cremallera completa del Marmot, a cambio de cargar con el modelo más pesado de los cinco.
Un cubrepantalón resuelve un problema muy concreto: proteger las piernas de la lluvia sin tener que llevar un pantalón impermeable puesto todo el día, algo incómodo en cuanto sale el sol o se sube un puerto con esfuerzo. Se guarda plegado en el fondo de la mochila la mayor parte de la salida y solo entra en juego cuando el parte meteorológico se cumple, igual que ya vimos al hablar de las chaquetas con membrana impermeable para la parte superior del cuerpo: la lógica de la membrana, la columna de agua y el tratamiento repelente es la misma, solo cambia la pieza de vestuario que protege.
Columna de agua y transpirabilidad: qué dicen las cifras de cada ficha
La columna de agua mide, en milímetros, la presión de agua que aguanta un tejido antes de empezar a filtrar, y en esta comparativa va de 10.000 a 20.000 milímetros. El Marmot PreCip Eco y el Vaude Fluid Pants II se quedan en 10.000 milímetros, suficiente para lluvia moderada sostenida durante varias horas, la situación más habitual en una jornada de senderismo con mal tiempo. El Rab Downpour y el Forclaz MT900 llegan a 20.000 milímetros, el doble, un margen que se nota sobre todo en aguaceros largos y en el peso del agua acumulada sobre la tela cuando alguien se sienta en el suelo mojado durante un descanso. El Patagonia Torrentshell 3L es un caso distinto: su ficha no publica una cifra propia, aunque el fabricante garantiza en la documentación de su estándar H2No que cualquier tejido con ese sello mantiene un mínimo de 10.000 milímetros incluso después de un desgaste simulado que empieza probando la tela a 20.000.
La transpirabilidad, medida en gramos de vapor de agua por metro cuadrado en 24 horas (MVTR), solo aparece publicada con una cifra propia en la ficha del Rab Downpour: 20.000 g/m²/24h, un dato que combinado con sus 20.000 milímetros de columna de agua lo sitúa en la gama alta de prestaciones equilibradas. Ninguno de los otros cuatro modelos declara este dato en la ficha consultada, lo que no significa necesariamente que transpiren peor, solo que el fabricante no lo ha medido o no lo ha hecho público en la documentación disponible en tiendas españolas.
Cremalleras laterales: de un cuarto a la longitud completa
El eje que más cambia la experiencia de uso de un cubrepantalón no es la columna de agua, sino la cremallera lateral, porque decide si hay que quitarse la bota para ponérselo. El Vaude Fluid Pants II no lleva cremallera: se ajusta con velcro en la pernera, lo que obliga a pasar el pantalón entero por encima del pie, un gesto lento con cualquier bota que no sea muy baja. El Rab Downpour resuelve el mismo problema con una cremallera de 3/4 de longitud, suficiente para pasarla por encima de una bota de media caña sin tocar los cordones. El Patagonia Torrentshell 3L queda en un punto intermedio: su cremallera bidireccional va de los puños a los muslos, más corta que la del Rab pero más larga que un simple cierre de tobillo. El Marmot PreCip Eco Fz y el Forclaz MT900 llevan cremallera completa, de la cintura al tobillo, la opción más rápida de poner y quitar sin descalzarse en ningún momento, con la ventaja añadida de que el Forclaz la lleva de doble cursor para poder abrir también por abajo y ventilar sin desabrochar toda la pierna.
Esa cremallera completa importa especialmente cuando el chaparrón llega de repente y hay poco tiempo para reaccionar: quitarse la mochila, sacar el cubrepantalón, sentarse a desatar las botas y volver a atarlas después de vestirlo puede llevar varios minutos de más exposición a la lluvia que simplemente abrir una cremallera de arriba abajo con la bota puesta.
Membranas y tratamiento DWR sin PFC
Tres de los cinco fabricantes —Marmot, Patagonia y Vaude— declaran explícitamente que su tratamiento repelente al agua (DWR) está libre de compuestos perfluorados (PFC o PFAS), la familia de sustancias químicas persistentes que durante décadas fue el estándar de la industria para conseguir que el agua perlara sobre el tejido en vez de empaparlo. El Vaude va un paso más allá y certifica que su membrana Ceplex Active está 100% libre de PTFE, no solo el tratamiento superficial sino el propio material de la membrana. Ni el Rab Downpour ni el Forclaz MT900 especifican en su ficha si el repelente que usan está libre de estos compuestos, lo que no implica necesariamente que no lo esté, solo que la información no aparece en la documentación consultada.
Cada fabricante da nombre propio a su membrana —Pertex® Shield en el Rab, NanoPro™ en el Marmot, H2No™ en el Patagonia, Ceplex Active en el Vaude y una membrana de poliuretano sin nombre comercial en el Forclaz—, pero todas funcionan bajo el mismo principio físico: una capa microporosa que deja pasar el vapor de agua del sudor hacia fuera mientras bloquea las gotas de lluvia, más grandes, en sentido contrario. La diferencia real entre ellas está en las cifras que cada una declara, no en el nombre comercial.
Dónde se nota en España
En el Camino de Santiago, la utilidad del cubrepantalón cambia mucho según la época. Caminar en octubre o en noviembre significa niebla y humedad por la mañana que suele disolverse hacia media mañana, un patrón donde los 10.000 milímetros del Marmot o del Vaude bastan de sobra. El invierno, y en particular el Camino del Norte con su exposición directa al Cantábrico, trae frentes de lluvia más largos y sostenidos donde compensa más llevar el margen extra del Rab Downpour o del Forclaz MT900.
En rutas de montaña como el Cares, donde el sendero excavado en la roca deja tramos sin ninguna posibilidad de refugio durante varios kilómetros, un chaparrón puede convertirse en un problema serio de hipotermia si la ropa se empapa y el viento enfría el cuerpo mojado; llevar el cubrepantalón a mano, no en el fondo de la mochila, permite reaccionar antes de que la ropa interior se moje del todo. Este es exactamente el escenario que describe la guía de qué hacer ante la hipotermia en montaña: la prevención pasa por no dejar que el cuerpo se enfríe en primer lugar, y una capa impermeable en las piernas es parte de esa prevención, no solo una cuestión de comodidad.
El viento es otro factor que cambia la decisión, sobre todo en la mitad norte peninsular donde una borrasca puede traer lluvia horizontal que ningún poncho suelto detiene bien. En la costa cantábrica, además, una galerna —ese viento repentino y frío que gira del suroeste al noroeste en cuestión de minutos— combina lluvia y ráfagas fuertes en el peor momento posible, normalmente a media tarde; en ese escenario, un cubrepantalón ajustado al cuerpo con cremallera lateral aguanta mucho mejor que la tela suelta de un poncho, que el viento levanta como si fuera una vela.