La respuesta corta: para la mayoría de peregrinos, zapatilla de trekking y no bota de montaña. No es una opinión de foro, es lo que recomienda el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos. Si tu pie es ancho o se te montan los dedos, el Merrell Moab 3; si vas en verano y buscas amortiguación, la Hoka Anacapa Breeze Low; si es tu primer Camino y el presupuesto manda, la Quechua MH500 Light por 70 €; y si vas al norte en otoño, la Salomon X Ultra 4 GTX con membrana.
El Camino no es montaña, y el calzado lo nota
Casi todo el material que se escribe sobre calzado de senderismo está pensado para montaña: desnivel, terreno técnico, piedra suelta, mochila pesada. El Camino de Santiago es otro problema completamente distinto. Son entre 25 y 30 kilómetros diarios repetidos durante tres, cuatro o cinco semanas, casi siempre por firme duro —asfalto, zahorra compactada, pista de concentración parcelaria—, con desnivel modesto y una mochila que rara vez pasa de ocho kilos.
En ese escenario, la sujeción de tobillo que justifica una bota alta apenas aporta nada, mientras que su peso, su rigidez y su menor ventilación se pagan cada día. Por eso la recomendación oficial de los podólogos para el Camino es zapatilla de trekking con suela amortiguadora, y no la bota de montaña que mucha gente compra por inercia antes de salir.
El dato que debería decidir la compra
Un estudio observacional dirigido desde la Universidad Miguel Hernández de Elche, con la colaboración de las universidades de Extremadura y Málaga, examinó a 315 peregrinos en dos albergues de la provincia de León. El resultado es contundente: el 74 % presentaba alguna lesión ampollosa tras varias etapas.
Pero el dato que de verdad orienta la compra es dónde duele. La zona más castigada fueron los dedos, con el 38,1 % de las lesiones, seguidos de las cabezas metatarsales, el talón y el meñique. Es decir: el daño se concentra en el antepié, no en el tobillo. Y eso cambia los criterios —importa la holgura de la horma, la amortiguación y la ventilación, y no la caña alta—.
El mismo estudio recoge otro dato que explica buena parte del problema: el 38,7 % de los peregrinos llevaba calzado nuevo o usado menos de diez veces. Casi cuatro de cada diez salieron a caminar cientos de kilómetros con un calzado que su pie no conocía.
Los cuatro criterios que importan aquí
- Holgura en el antepié: el pie se hincha con los kilómetros y el calor. Si los dedos tocan la puntera al bajar, el problema aparecerá el día tres.
- Amortiguación: el firme duro no perdona. La recomendación técnica del estudio habla de suelas que distribuyan las presiones.
- Ventilación: el mismo estudio apunta a los canales de ventilación que ayuden a disminuir la temperatura del interior del calzado. En verano, más determinante que la impermeabilidad.
- Rodaje previo: semanas de uso antes de salir. Es gratis y evita casi todo lo demás.