El Penyal d'Ifac es la montaña más reconocible de la Costa Blanca: una mole de roca caliza de 332 metros que emerge directamente del Mediterráneo y se une a tierra por un istmo, dominando la bahía de Calp. Subir a su cima es uno de los itinerarios más icónicos de toda la Comunidad Valenciana, y también uno de los más particulares: tras una senda empedrada que zigzaguea por la cara de poniente, el camino atraviesa un túnel horadado en la roca en 1918 y, al otro lado, se transforma en una trepada equipada con cuerdas y cadenas sobre el vacío del mar hasta el vértice. Son apenas 2,4 kilómetros de ida y vuelta desde el centro de interpretación, pero engañan: el tramo final es exigente, la roca está pulida y resbala, y la subida exige reserva previa gratuita. A cambio, la panorámica desde arriba —la bahía, el Montgó, la Serra Gelada, el Peñón visto a vista de gaviota patiamarilla— es de las que no se olvidan.
El peñón es un monolito calcáreo de las Cordilleras Béticas que el mar y el viento han ido aislando hasta dejarlo unido a la costa solo por un estrecho istmo detrítico. Está protegido como Parque Natural desde el 19 de enero de 1987 —uno de los primeros de la Comunidad Valenciana— y, pese a sus modestas 53 hectáreas, concentra una biodiversidad notable: más de cuatro centenares de especies vegetales, varias de ellas endémicas o rupícolas, como la silene de Ifach (Silene hifacensis), que encontró aquí uno de sus últimos refugios. La cara norte, vertical y umbría, es terreno de escalada clásica y zona de nidificación; el itinerario senderista discurre por la cara sur, la soleada.
El gran hito de la ruta es el túnel. Hasta principios del siglo XX, la cima era casi inaccesible; fue el ingeniero Vicente París Morla quien, hacia 1918, mandó perforar este paso de medio centenar de metros que conecta la cara de poniente con la de levante y abre el camino al tramo alto. Cruzarlo es entrar en penumbra húmeda y salir a un balcón sobre el mar abierto: a partir de ahí la senda se empina, la caliza aparece pulida y resbaladiza por el paso de miles de botas, y unas cuerdas y cadenas fijas ayudan a salvar los pasos más verticales. No es escalada, pero sí una trepada fácil que exige las manos, cabeza fría y calzado de montaña.
Desde 2020 la subida a la cima está regulada con reserva previa: la Generalitat limita el acceso a la Ruta Roja a 300 personas al día para proteger la senda y evitar masificaciones peligrosas en los pasos equipados. La reserva es gratuita, se tramita por internet con hasta diez días de antelación, es personal e intransferible y puede pedírtela un agente. Es un trámite de cinco minutos que conviene no olvidar: sin él, te pueden denegar el paso en el centro de interpretación. La cima, además, no es un mirador cualquiera: a tus pies tienes la bahía de Calp y las salinas rosadas; al norte, el macizo del Montgó; al sur, la Serra Gelada y, en días claros, hasta la isla de Ibiza recortada en el horizonte.