La ruta más popular del Valle del Jerte: un sendero señalizado que remonta el cañón granítico de la Garganta de los Infiernos hasta "Los Pilones", las marmitas de gigante labradas por la erosión del agua sobre el granito a lo largo de milenios. 13 pozas naturales encadenadas que en verano se convierten en una de las piscinas naturales más famosas de Extremadura. Unos 7 km de ida y vuelta con +234 m de desnivel acumulado, dificultad baja y apta en familia. El baño está permitido, pero la roca es resbaladiza y el agua, fría y con corriente: respeta la Reserva Natural y báñate con cabeza.
La Reserva Natural Garganta de los Infiernos protege 6.927,5 hectáreas de la Sierra de Tormantos desde su declaración por el Decreto 132/1994, de 14 de noviembre; su Plan de Ordenación de los Recursos Naturales se actualizó con el Decreto 72/2025, de 8 de julio. El paisaje combina la herencia glaciar de la cabecera del valle con un cañón fluvial encajado donde el protagonista geológico son "Los Pilones": marmitas de gigante —pilancones, en el habla local— excavadas por la erosión del agua sobre roca granítica. No son pozas glaciares ni cársticas: es el remolino del agua cargada de cantos el que ha ido tallando las cubetas durante miles de años. Se cuentan trece encadenadas a lo largo del lecho.
El itinerario arranca en el Centro de Interpretación de la Naturaleza (junto a la N-110, a la altura del km 368, entre Jerte y Cabezuela del Valle) y remonta la margen de la garganta por un sendero acondicionado de la Reserva. El hito central es el Puente de Los Pilones, una pasarela de hormigón tendida sobre el cañón desde la que se contemplan las pozas en vertical; el sendero señalizado continúa después un tramo más por la garganta. A media ladera queda el desvío opcional al Chorrero de la Virgen, una cascada que merece la corta variante cuando baja con agua. La ruta es lineal: se regresa por el mismo camino.
El río de la garganta baja limpio y frío desde la Sierra de Tormantos para entregarse al Jerte, y sostiene una fauna fluvial delicada: la nutria, el mirlo acuático y, sobre todo, el desmán ibérico —un pequeño insectívoro acuático, emblema de la Reserva y sensible a la calidad del agua—. En los roquedos crían el águila real, el halcón peregrino y el búho real, y la cigüeña negra, escasa, frecuenta el entorno. Esa fragilidad es la razón de las normas de la Reserva: no salirse del sendero, no usar jabones ni cremas antes del baño y no dejar rastro.
El Valle del Jerte es célebre por la floración del cerezo de finales de marzo a primeros de abril, cuando más de un millón de cerezos visten de blanco las laderas. Si coincides con la floración, la ruta a Los Pilones combina bien con los miradores del valle y con la cercana subida al Puerto de Tornavacas. En cualquier época, conviene madrugar: el aparcamiento del Centro se llena pronto los fines de semana de primavera y los días de calor.