La ruta cultural por excelencia del macizo y la mejor manera de comprender por qué Montserrat fue, durante los siglos XV y XVI, uno de los grandes centros eremíticos del Mediterráneo occidental. Un circuito de poco menos de seis kilómetros que sube desde el monasterio hasta el Pla de Sant Joan —la terraza superior del macizo a la que también asciende el histórico Funicular de Sant Joan— y recorre el cordal de las ermitas hasta los restos de Sant Joan y Sant Onofre, encajados en las fisuras de la roca sobre el vacío. Es una ruta de media montaña que se vuelve fácil y casi familiar si se sube en funicular y se camina solo por la terraza, ideal para combinar con la visita al monasterio benedictino.
A diferencia de Sant Jeroni y de la Miranda de Santa Magdalena —que son cumbres senderistas con desnivel notable— esta ruta se queda en la cota intermedia del macizo, en torno a los 1.000-1.015 metros. Sube hasta el Pla de Sant Joan y los restos de los eremitatges de Sant Joan y Sant Onofre, encajados en una larga fissura de la roca, sin afrontar la Escala de Jacob que lleva a la Miranda de Santa Magdalena. A pie, desde el monasterio, son unos 5,8 kilómetros con cerca de 450 metros de desnivel acumulado: un esfuerzo moderado. Pero si se sube en el Funicular de Sant Joan, el paseo por la terraza superior se vuelve corto y apto para casi todo el mundo.
El itinerario combina dos placeres: el patrimonial —recorrer los eremitatges medievales de Sant Joan y Sant Onofre, que articularon toda una vida eremítica en el macizo durante los siglos XV y XVI, hoy en ruinas sobre la pared— y el panorámico, con una sucesión de miradors naturales sobre la Vall del Llobregat: el Mirador de Sant Jaume, la Miranda de Santa Magdalena y, en el tramo de regreso, la Miranda dels Ermitans, con la silueta dentada del propio macizo recortándose contra el cielo.
Truco práctico que recomienda el propio Patronat: se puede subir caminando y bajar en funicular (o al revés). El Funicular de Sant Joan conecta el monasterio con la terraza superior en 7 minutos salvando 275 m de desnivel —útil para personas mayores, días de calor o cuando se quiere disfrutar de las ermitas sin agotar las piernas en la subida—. Si se dispone de más tiempo, desde el monasterio se puede añadir la corta visita a la quinta ermita histórica, Sant Miquel, situada al sureste, con su célebre vista del conjunto monástico encajado en la montaña.