Identificación
La cabra montés es un bóvido caprino robusto, de tamaño medio: longitud 1,1-1,5 metros, alzada en cruz 65-85 centímetros, peso de 31 a 90 kilos según el Atlas de los mamíferos terrestres, aunque los machos más grandes llegan a 120 (los machos superan claramente a las hembras). El pelaje es pardo grisáceo en verano y más oscuro en invierno, con vientre y nalgas más claras. El rasgo más característico son los cuernos: en los machos son largos, curvados hacia atrás y arriba con corrugaciones laterales (pueden superar los 75 centímetros en ejemplares adultos), mientras que en las hembras son más cortos, lisos y dirigidos hacia atrás. La pezuña tiene una almohadilla central blanda y una corona córnea dura que le permite agarrarse a roca caliza casi vertical — una adaptación que comparte con el rebeco pero con biomecánica distinta.
Distribución y estado de conservación
La cabra montés es una historia de recuperación notable. A principios del siglo XX su distribución estaba muy fragmentada por presión cinegética histórica, y en el Pirineo central la subespecie Capra pyrenaica pyrenaica — el bucardo aragonés — se extinguió oficialmente el 6 de enero del 2000 con la muerte de la última hembra, Celia, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Las otras dos subespecies vivas, hispanica (arco montañoso mediterráneo, del Ebro a Gibraltar, y Sierra Morena) y victoriae (Gredos y enclaves reintroducidos del centro), han ido recuperando territorio gracias a la protección legal y la regulación cinegética. Hoy los núcleos más numerosos, según el Atlas de los mamíferos terrestres de España, son Sierra Nevada, Gredos, el Maestrazgo, la Serranía de Ronda y Grazalema, Cazorla y las sierras de Tejeda y Almijara; en el Pirineo, la especie vuelve poco a poco desde las sueltas hechas en la vertiente francesa a partir de 2014.
Comportamiento y ecología
Las hembras y los machos jóvenes viven en grupos mixtos de 5 a 20 individuos; los machos adultos forman bandos separados que solo se mezclan con las hembras durante el celo de noviembre y diciembre. La gestación dura aproximadamente 165 días y los cabritillos nacen entre abril y junio, normalmente uno por hembra (los gemelos son excepcionales). La cabra montés es diurna con picos crepusculares: amanecer y atardecer son los momentos óptimos para observarla en cualquier sierra peninsular, particularmente en septiembre y octubre cuando descienden a cotas medias para pastorear antes del invierno.
Sarna sarcóptica: la enfermedad que la condiciona
El detalle relevante para entender la gestión actual de la especie es la sarna sarcóptica (Sarcoptes scabiei), un ácaro que ha causado oleadas epidémicas devastadoras: en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, el brote de 1987 dejó la población en el 3 % en cuatro años, y la enfermedad apareció después en las sierras malagueñas (1989), en Sierra Nevada (1992) y en Almería (1995), según la Junta de Andalucía. La Junta de Andalucía mantiene programas de vigilancia veterinaria y de control demográfico precisamente para reducir la densidad cuando se acerca a niveles que disparan la transmisión del ácaro. La enfermedad no es transmisible al ser humano por contacto casual durante una ruta, pero conviene matizar que un ejemplar enfermo se reconoce por placas alopécicas, costras gruesas y delgadez extrema, y debe reportarse al patronato del parque correspondiente si se observa.
¿Es peligrosa para el senderista?
Prácticamente no. La cabra montés es esquiva por defecto: ante la presencia humana se retira a roquedo inaccesible o sube por la vertical. Los únicos incidentes documentados son atropellos en carretera (sobre todo cerca de estaciones de esquí en invierno, cuando bajan a cota media) y, muy excepcionalmente, defensa de hembras con cabritillos recién nacidos si se les corta el paso. La pauta sencilla es no acercarse a menos de cincuenta metros, no intentar darles de comer y, sobre todo, no situarse entre una hembra y su cría.
Dónde verla con más probabilidad
- Sierra Nevada (Granada): Mulhacén y Veleta, especialmente en los lavaderos y lagunas de altura al amanecer.
- Sierra de Gredos (Ávila): Laguna Grande y el Circo de Gredos, con la subespecie endémica victoriae.
- Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén): uno de los núcleos clásicos de la subespecie hispanica, donde la sarna de 1987 dejó la población en el 3 % en cuatro años.
- Sierra de las Nieves (Málaga): ascenso al Torrecilla, contacto frecuente con grupos mixtos.
- Pirineo central: las sueltas se hicieron desde 2014 en la vertiente francesa; en la española solo se ven por ahora ejemplares que cruzan la frontera, como la quincena asentada en 2021 en el Parque Natural del Alt Pirineu o los avistados en Ordesa.
En todos esos lugares la cabra se deja ver de lejos antes que de cerca: un rebaño en una pedrera a contraluz es un puñado de puntos hasta que se le pone aumento. Para distinguir machos de hembras por la cuerna sin acercarse ni alterar al grupo hacen falta prismáticos; en esa guía explicamos qué aumento y qué diámetro de lente compensan el peso en la mochila.