Pocos lugares de la costa española se han vuelto tan reconocibles como San Juan de Gaztelugatxe: un islote rocoso que el Cantábrico ha ido tallando hasta dejarlo casi aislado, unido a tierra por un puente de piedra tendido sobre una lengua de tierra abierta en dos grandes arcos naturales, y coronado por una pequeña ermita dedicada a San Juan Bautista. Para llegar hasta ella hay que afrontar la imagen icónica del lugar: una escalera de 241 peldaños que zigzaguea por el lomo del islote sobre el mar abierto. El recorrido a pie es corto —unos dos kilómetros y medio de ida y vuelta desde el acceso de Eneperi/Urizarreta, con 1.200 metros de ida según la Diputación—, pero no es un paseo: la bajada hasta el istmo tiene fuerte pendiente, la subida de vuelta se nota en las piernas y las escaleras del islote, empinadas y expuestas al viento y al oleaje, exigen prudencia. El esfuerzo se paga con una estampa de acantilados, gaviotas y el rumor permanente del Cantábrico contra la roca.
El islote forma parte del Monumento Natural de San Juan de Gaztelugatxe —declarado Biotopo Protegido en 1998 (Decreto 229/1998) y renombrado Monumento Natural por la Orden de 20 de marzo de 2023—, es además Bien Cultural con la categoría de Paisaje Cultural (Decreto 125/2021, de 13 de abril), queda junto a la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y se reparte administrativamente entre los términos de Bakio y Bermeo: el acceso de Urizarreta, junto al restaurante-mirador de Eneperi, queda en el lado de Bakio. Aquí el Cantábrico ha modelado un paisaje de acantilados, islotes, arcos y cuevas que es a la vez refugio de aves marinas y un enclave cargado de historia: hay constancia de culto en el islote desde la Edad Media, con una ermita que ha sido incendiada, reconstruida y saqueada en distintas épocas. La tradición manda subir los peldaños, tocar la campana de la ermita —tres veces, según la costumbre, para ahuyentar los malos espíritus— y bajar con calma, sin prisas en una escalera que no las admite.
El gran protagonista es la escalera. La cifra oficial de la Diputación Foral de Bizkaia es de 241 peldaños, la misma que dan el turismo vasco y la oficina de turismo de Bermeo. Salvan unos setenta metros de desnivel pegados a la roca, con barandilla en la escalera (no se ha podido comprobar que sea continua), de modo que conviene ir despacio, agarrarse donde la haya y extremar la atención cuando la piedra está mojada por la lluvia o por las salpicaduras del mar. No es un tramo técnico ni hay que trepar, pero sí es físicamente exigente, sobre todo a la vuelta, y desaconsejable para quien sufra de vértigo o no tenga el paso firme.
La fama mundial del lugar se disparó cuando el islote y su ermita se convirtieron en «Rocadragón» (Dragonstone), el bastión de Daenerys Targaryen, en la serie Juego de Tronos. La fama del lugar, reforzada por la serie, hizo crecer las visitas, y la Diputación fijó un límite de 1.462 personas al día para preservar los valores del lugar: en los días de control de aforo hace falta una reserva gratuita por internet —se tramita en erreserbagaztelugatxe.bizkaia.eus (public.tiketa.eus/gaztelugatxe)—; en los demás días el camino es libre. Según el calendario de 2026 de la Diputación (consultado el 3 de noviembre de 2026), hace falta reserva todos los días de julio y agosto, todos los del 13 de junio a mediados de septiembre y buena parte de los fines de semana, festivos y puentes de primavera y otoño; de enero a marzo y entre semana en gran parte de abril, mayo, octubre y noviembre el acceso es libre. Hay cinco fechas reservadas a celebraciones locales en las que la Diputación recomienda no ir, y conviene comprobar el calendario vigente antes de la visita, porque se publica cada año.