Guía de acción · verificada el 6 de septiembre de 2026

Perderse en la montaña: el protocolo que sí funciona

Cada temporada, cientos de personas se pierden en algún punto de la montaña española sin haber sufrido ningún accidente físico: simplemente, el sendero se difumina, la niebla borra las referencias o un cruce mal señalizado los lleva por donde no debían. Solo en 2024, la desorientación fue la causa de 114 rescates de montaña en España, según el resumen estadístico nacional. La buena noticia es que ese tipo de emergencia, a diferencia de una caída, casi siempre se resuelve bien si se sigue una secuencia simple: parar antes de decidir nada, intentar reorientarse con lo que ya llevas encima, avisar al 112 dando tu posición y, si hace falta, esperar en vez de arriesgarte a bajar a ciegas. Esta guía desarrolla esa secuencia paso a paso, con las fuentes oficiales detrás de cada indicación, y descarta de paso un mito que sigue circulando en la mayoría del contenido sobre el tema: el SMS al 112 para el público general no existe en España.

El protocolo que sigue no sustituye la formación específica de orientación ni el criterio de los servicios de rescate, y algunas cifras —sobre todo el coste exacto de un rescate en según qué comunidad— se presentan con la cautela que merecen cuando la fuente oficial no está del todo clara. Lo que sí está verificado, con fuente y fecha, no se suaviza: quedarse quieto salva más situaciones de las que la intuición sugiere, y llamar pronto es siempre mejor que llamar tarde.

Datos clave antes de seguir leyendo

114
Rescates por desorientación en España en 2024, según el resumen estadístico nacional (La GIStería).
1.293
Rescates de montaña totales en España en 2024, con 115 fallecidos (tasa del 8,89%).
~15 m
Precisión aproximada del sistema AML, que envía tu posición al 112 con la simple llamada de voz (Montaña Segura, Gobierno de Aragón).
14
Rescates facturados en Cataluña por negligencia desde 2009 —ninguno desde 2020—, la comunidad con más recorrido en este tipo de cobro.

Los primeros minutos: pararse antes de decidir

El error más repetido cuando alguien se da cuenta de que ha perdido el sendero no es técnico, es de reacción: seguir caminando con la esperanza de "encontrar algo conocido a la vuelta de la loma". El Servicio de Montaña de la Guardia Civil, a través de sus GREIM (Grupos de Rescate e Intervención en Montaña), recomienda justo lo contrario en cuanto se detecta el extravío: conservar la calma, porque eso permite tener una visión más amplia del problema y evita actuar de forma precipitada. La secuencia práctica que se deduce de esa recomendación tiene tres pasos, en este orden. Primero, parar físicamente donde estás, aunque sea en mitad de una pendiente incómoda: el sitio en el que te das cuenta del extravío suele ser más seguro que el que encontrarías bajando a ciegas cuesta abajo. Segundo, revisar lo que ya llevas encima —mapa en papel, track cargado, la última referencia clara que recuerdas— antes de mover un solo paso con una decisión tomada al azar. Tercero, valorar si hay cobertura de móvil para dar el aviso cuanto antes: el GREIM insiste en que prefiere una llamada temprana, incluso si al final resulta que la situación se resuelve sola, a una tardía que llega con mucho menos margen de maniobra.

Lo que hay que evitar explícitamente en esos primeros minutos son los dos comportamientos que más aparecen en las crónicas de rescate: descender por el primer barranco o vaguada que se ve, confiando en que todo cauce lleva a algún sitio habitado —cuando en la montaña calcárea española esa lógica termina a menudo en un resalte vertical sin salida—, y forzar una hora extra de marcha "por si acaso" cuando ya queda poca luz. Ninguna de las dos decisiones mejora la situación: normalmente la empeoran, porque alejan al grupo del punto donde alguien esperaba encontrarlo y lo llevan a terreno que nadie ha explorado ni referenciado.

Reorientarse con mapa, brújula, GPS y el propio track

Antes de asumir que estás perdido de verdad conviene intentar reorientarte con lo que llevas encima, y aquí el orden de las herramientas importa. Montaña Segura lo resume con una frase que conviene tomarse en serio: «con un mapa podemos saber dónde estamos», siempre que sea de una escala útil para senderismo —1:25.000 o 1:40.000— y que sepas relacionar lo que ves alrededor con lo que dibuja el papel. La brújula entra en juego para orientar ese mapa con garantías: la misma fuente afirma que «es la única herramienta que permite orientar el mapa con garantías», y el procedimiento es sencillo una vez se practica, rotar el mapa con la brújula encima hasta que la aguja y las líneas de la cuadrícula coincidan, alineando el norte magnético con el norte del mapa. Esa diferencia entre ambos nortes es la declinación magnética, un dato que cambia según la zona de España y que conviene comprobar antes de salir, no en mitad del extravío.

El GPS —de mano o el del propio móvil— aporta algo que ni el mapa ni la brújula dan por sí solos: coordenadas exactas y la posibilidad de seguir un track cargado incluso con niebla cerrada. Pero Montaña Segura es igual de claro sobre sus límites: «nunca deberíamos llevar como única opción para orientarnos un GPS, siempre debe ser un complemento al mapa y brújula». La razón es práctica, no dogmática: un GPS se queda sin batería, un móvil se moja o se rompe, y el mapa en papel no depende de ninguna de las dos cosas. Saber leer las curvas de nivel de un mapa topográfico —esas líneas que dibujan el relieve y permiten anticipar si el siguiente tramo baja en rampa suave o cae en un resalte— es lo que convierte un plano en una herramienta de decisión, no solo de consulta. Y si el GPS sí funciona, dar tu posición en coordenadas UTM o geográficas exactas al operador del 112, en vez de una descripción aproximada del paisaje, acorta de forma notable el tiempo de localización; conocer también el azimut o rumbo hacia un punto de referencia conocido —un collado, un pueblo, una carretera— permite caminar en línea recta hacia él si en algún momento se decide moverse.

Llevar un GPS de mano dedicado, en vez de depender solo del móvil, gana relevancia justo en el escenario de esta guía: mayor autonomía de batería, resistencia real al agua y al golpe, y una pantalla legible con sol directo, algo que el móvil rara vez ofrece cuando más se necesita. Para quien prefiere no llevar un dispositivo aparte, un reloj GPS de senderismo y montaña cumple buena parte de la misma función —track grabado, altímetro, brújula electrónica— sin ocupar espacio en la mochila ni depender de sacarlo del bolsillo con las manos frías.

Dar la posición al 112: la llamada, no el SMS

El número que hay que marcar en cualquier comunidad de España es el 112, y la vía de contacto es siempre la llamada de voz. Montaña Segura lo deja escrito sin margen a la interpretación: el Centro de Emergencias «únicamente puede recibir llamadas de voz» y «no admite SMS ni mensajes por datos». Esto desmonta uno de los mitos que más se repite en foros y guías de senderismo, la idea de que si no hay cobertura para hablar siempre se puede mandar un SMS al 112: no existe ese servicio para el público general en España. El SMS al 112 sí existe, pero como canal registrado de antemano y pensado para personas con discapacidad auditiva o del habla, no como alternativa de emergencia para cualquier montañero sin señal de voz.

En cuanto la llamada de voz conecta, no hace falta ser capaz de leer coordenadas en un mapa: el sistema AML (Advanced Mobile Location) envía la geolocalización del teléfono junto con la llamada de forma automática, con una precisión aproximada de 15 metros según la propia campaña aragonesa. Como refuerzo, cada comunidad tiene su propia aplicación oficial de emergencias —My112 es el nombre más extendido, presente ya en Castilla y León, Madrid, Cantabria, Baleares o Castilla-La Mancha desde su despliegue progresivo a partir de 2017, con una función añadida en Castilla-La Mancha que activa el seguimiento GPS del itinerario mientras caminas—, y Cataluña integra su propia app dentro del portal de 112.gencat.cat. La app de tu comunidad envía coordenadas exactas, incluida la altitud, junto con la llamada, y complementa —nunca sustituye— la vía de voz.

Si tienes cobertura de datos pero no de voz —una combinación real en buena parte de la alta montaña española, donde una operadora entra y otra no—, la solución no es esperar a que mejore la señal: es el aviso diferido. Consiste en mandar un mensaje por WhatsApp, Telegram o SMS a un contacto que sí esté en zona con cobertura de voz para que sea esa persona quien llame al 112 en tu nombre, indicando tu nombre, el problema, tu posición lo más exacta posible y cuántas personas formáis el grupo. Es el mismo criterio que ya recoge esta web para la seguridad en Picos de Europa y para el Pirineo navarro y Larra-Belagua, y aplica igual en cualquier sierra española: la llamada de voz manda siempre que exista alguna forma de conseguirla, aunque sea de segunda mano. Y cuando no hay ni siquiera esa cobertura de datos, ni ningún compañero cerca con mejor señal, la solución deja de estar en el propio teléfono: la comparativa de comunicadores satélite para montaña de este sitio reúne los dispositivos que envían un aviso SOS con la posición exacta desde cualquier punto, sin depender de ninguna antena de telefonía.

Cuándo moverse y cuándo esperar

Una vez dado el aviso, la pregunta que decide buena parte de lo que pasa después es si conviene quedarse en el sitio o seguir caminando en busca de una salida. La norma general, y la que reduce más riesgo en la mayoría de los casos, es no moverse mientras puedas describir con claridad dónde estás y cómo te encuentras: cada metro que caminas sin certeza amplía el área en la que tienen que buscarte, te va agotando y, si has dado ya una posición aproximada al 112, la desactualiza. Moverse solo se justifica en dos situaciones concretas. La primera es que exista un riesgo inmediato en el lugar donde estás —piedra suelta cayendo desde arriba, una tormenta eléctrica acercándose en una zona de cresta, el frío empezando a afectar de verdad a alguien del grupo—, en cuyo caso el objetivo no es "encontrar el camino" sino simplemente ponerse a salvo del peligro puntual, lo más cerca posible de donde estabas. La segunda es que exista una referencia clara y muy reciente —un cruce de sendero visto hace pocos minutos, un mojón conocido, un refugio a la vista—, porque entonces el movimiento no es una apuesta sino una corrección de rumbo con datos reales detrás.

Fuera de esos dos supuestos, esperar es la opción que casi siempre acorta el tiempo total hasta el rescate, por contraintuitivo que parezca cuando lo que se quiere es precisamente salir de allí cuanto antes. Un grupo de tres o más personas, como recomienda el propio Servicio de Montaña de la Guardia Civil para cualquier salida a zonas con poca cobertura, tiene además una ventaja añadida en este punto: puede dividir tareas —quien se queda con el herido o el más débil, quien busca cobertura para llamar sin alejarse demasiado— sin dejar a nadie completamente solo.

Si cae la noche: cómo pasar un vivac de emergencia

Cuando el rescate no llega antes del anochecer, la prioridad cambia de "salir de aquí" a "aguantar la noche sin que el frío se convierta en el problema real". Esto es distinto de un vivac planificado, la pernocta al raso que cada parque nacional tolera por encima de una cota mínima que va de los 1.600 a los 2.550 metros según el espacio: una noche forzada por extravío o accidente es un supuesto de necesidad, y ninguna normativa de cota mínima aplica cuando lo que está en juego es la seguridad inmediata de alguien. Lo que sí importa, igual en un vivac recreativo que en uno de emergencia, es el aislamiento del suelo: el cuerpo pierde calor mucho más rápido por contacto con el terreno frío que por el aire, así que sentarse o tumbarse sobre cualquier cosa que aísle —una mochila vacía, ramas secas, la propia ropa de repuesto— cambia por completo el balance térmico de la noche.

Sobre el cuerpo, la regla es ponerse toda la ropa seca disponible, en capas, y evitar a toda costa una prenda de algodón mojada pegada a la piel, que roba calor mucho más rápido que cualquier tejido técnico. Una manta térmica de aluminio, que apenas pesa 60 gramos y cabe en cualquier bolsillo de la mochila, es el elemento que marca la diferencia real entre pasar frío y entrar en hipotermia: el primer aviso es el temblor incontrolado, y cuando una persona dentro del grupo deja de temblar pese al frío y se vuelve apática o confusa, la situación ya es seria y hay que actuar, no esperar a que "se le pase solo". Si la noche se presenta larga y hay margen para llevar algo más que la manta suelta, un saco de vivac de emergencia protege mejor porque encierra el cuerpo entero sin que haga falta sujetarlo con las manos frías; la comparativa de sacos de vivac y mantas térmicas de emergencia de este sitio compara las opciones que caben en el fondo de cualquier mochila. Sobre esa fase avanzada, y sobre el manejo correcto —aislar, abrigar con suavidad, nunca dar alcohol ni friccionar las extremidades—, esta web tiene el protocolo completo en la guía de hipotermia en montaña: qué hacer, que conviene leer antes de salir, no durante la emergencia. Llevar una buena chaqueta de plumón ligera en la mochila, incluso en salidas de verano en las que "no hace falta", es la diferencia entre una manta térmica que basta y una que no llega.

Si cae la noche literal, no solo la meteorológica, un frontal con baterías de repuesto deja de ser un accesorio y pasa a ser la herramienta que te permite gestionar el vivac —organizar el refugio, revisar a un compañero, hacer señales— sin gastar la batería del móvil, que en ese momento debe reservarse para la comunicación con el 112. Si el grupo lleva un botiquín con contenido más allá del típico kit turístico, este es el momento en el que se nota: una manta de emergencia adicional, vendaje compresivo o simplemente analgésico para pasar mejor una noche incómoda son la diferencia que describe la comparativa de botiquines de montaña de esta web. Y si hay visibilidad hacia algún punto habitado o hacia donde se sepa que puede pasar el equipo de rescate, el patrón de señales luminosas o con un pañuelo de color vivo es seis destellos o movimientos por minuto, una pausa de un minuto, y repetir: el mismo patrón que ya recoge esta web para el Pirineo navarro y que corresponde al código internacional de socorro en montaña.

Qué cuesta un rescate, comunidad por comunidad

La Guardia Civil, a través de sus GREIM, no cobra nunca por un rescate: es un servicio público. Lo que sí existe en varias comunidades autónomas es la posibilidad de repercutir el coste sobre la persona rescatada cuando queda acreditada una negligencia clara —salir sin el equipo mínimo, adentrarse en una zona señalizada como prohibida o activar el rescate sin motivo real—, aunque en la práctica se aplica con muchísima menos frecuencia de la que sugiere el titular de cualquier noticia sobre el tema.

Comunidad Base legal Aplicación real documentada
Cataluña Ley de Medidas Financieras (Ley 21/2005), vigente desde el 1 de octubre de 2009 14 rescates facturados desde 2009; ninguno desde 2020
Asturias Normativa autonómica de protección civil, aplicada desde al menos 2015 Unos 30 cobros entre 2015 y 2022
País Vasco Aprobada por el Parlamento vasco en 2011 14 cobros sobre 1.800 rescates entre 2018 y 2022
Cantabria Aprobada en 2021 Un solo cobro efectivo en cuatro años, con un caso de varias decenas de miles de euros por un rescate de 72 horas

Cataluña fue la primera comunidad en aprobar este tipo de tasa, en vigor desde el 1 de octubre de 2009. En las cuatro comunidades de la tabla, ambas fuentes periodísticas consultadas coinciden en que la medida funciona más como aviso disuasorio que como recaudación real: el número de cobros efectivos es mínimo frente al total de rescates de cada territorio.

Aragón sigue un modelo distinto que conviene no confundir con el anterior: lo que se repercute ahí no es el rescate en sí —que sigue a cargo del GREIM y del sistema público, igual que en cualquier otra comunidad—, sino los gastos sanitarios generados durante la intervención, a través del seguro de quien lo tiene contratado. En Navarra, el rescate aéreo de los Bomberos forales está cubierto por el sistema público sin coste para el rescatado en la práctica —tal y como ya recoge la guía de seguridad del Pirineo navarro y Larra-Belagua de esta web—, aunque exista una base legal, la Ley Foral de Tasas y Precios Públicos, que en teoría permitiría reclamar por vía judicial en un caso de negligencia manifiesta.

Sea cual sea la comunidad, hay una manera sencilla de no tener que preocuparse por esta pregunta el día que haga falta un rescate: contar con la tarjeta federativa FEDME. Su seguro cubre el rescate, incluido el uso de helicóptero, y el traslado en caso de fallecimiento, dentro de España, Andorra, el Pirineo francés, Portugal y Marruecos —el ámbito territorial exacto varía según el tipo de licencia—, y en general repercute sobre la aseguradora los gastos que en otro caso podrían caer sobre el propio rescatado. Es la vía más directa de blindarse frente a cualquiera de los escenarios de la tabla anterior, y explica por qué buena parte de quien practica montaña de forma habitual en España opta por federarse antes de que llegue una salida complicada.

La prevención que evita llegar hasta aquí

Todo lo anterior describe cómo actuar una vez el problema ya existe, pero Cruz Roja resume en tres gestos previos buena parte de lo que evita que llegue a producirse. El primero es avisar: «comunicar a un familiar o a un amigo que vas a realizar una salida, principalmente si vas a estar en zonas con poca cobertura», de forma que exista alguien que sepa dónde buscar y cuándo empezar a preocuparse si no hay noticias. El segundo es planificar con la meteorología por delante: «planificar correctamente la ruta y ver el tiempo para ese día, si hay alertas meteorológicas por parte del AEMET puede no ser recomendable salir al monte ese día». El tercero es llevar lo básico: «agua, principalmente en época de verano, y de alimentos, así como un pequeño kit de primeros auxilios básico».

Dejar dicho el itinerario y, sobre todo, una hora de retorno concreta convierte ese aviso previo en algo accionable: si esa hora pasa sin noticias, la persona que se quedó en casa sabe exactamente cuándo empezar a llamar. Esta web tiene una herramienta pensada justo para ese cálculo, la calculadora de hora de retorno, que ayuda a fijar ese margen antes de salir de casa, no a ojo sobre el terreno. Y federarse, como se explica más arriba, no solo cubre el coste de un rescate: da acceso a la información de seguridad de la propia federación autonómica y refuerza el hábito de planificar con seriedad cada salida, algo que en la montaña marca casi siempre la diferencia entre un mal rato y una emergencia real.

Nada de lo descrito en esta guía sustituye la formación específica de orientación y primeros auxilios en montaña ni el criterio de los servicios de rescate. Si tienes un dato verificable que corregir o ampliar —sobre todo la cifra de gastos sanitarios en Aragón, que esta guía no ha podido confirmar en fuente oficial—, puedes escribir a través de la página de contacto con el enlace a la fuente.

Preguntas frecuentes

¿Qué es lo primero que hay que hacer si te pierdes en la montaña?
Pararte antes de decidir nada. El Servicio de Montaña de la Guardia Civil recomienda conservar la calma en cuanto se detecta el extravío, porque eso da una visión más amplia del problema y evita actuar de forma precipitada, que es justo lo que lleva a la mayoría de errores graves: bajar por el primer barranco que se ve, seguir un arroyo cuesta abajo confiando en que "todo río lleva a algún sitio" o forzar una hora más de marcha con la luz cayendo. Antes de mover un solo paso conviene mirar el mapa o el track que llevabas cargado, intentar ubicar el último punto seguro que recuerdas con certeza y valorar si hay cobertura para llamar al 112. Si no hay ningún dato fiable de dónde estás, quedarte donde estás casi siempre reduce el riesgo más que seguir caminando a ciegas.
¿Es verdad que se puede avisar al 112 por SMS si no hay cobertura de voz?
No, y es uno de los mitos que más circula sobre seguridad en montaña. La ficha oficial de Montaña Segura, la campaña del Gobierno de Aragón, lo dice sin margen de duda: el Centro de Emergencias 112 "únicamente puede recibir llamadas de voz" y "no admite SMS ni mensajes por datos". El servicio de SMS al 112 existe en España, pero solo como canal registrado de antemano para personas con discapacidad auditiva o del habla; un SMS enviado por un senderista corriente no llega a ningún operador y solo hace perder minutos que pueden ser críticos. Con cobertura de datos pero no de voz, la alternativa real es el aviso diferido: que otra persona con cobertura de voz llame al 112 por ti.
¿Cómo doy mi posición exacta al 112 si no sé leer coordenadas?
No hace falta saber leer coordenadas para que el 112 te localice. En cuanto llamas por voz, el sistema AML (Advanced Mobile Location) envía tu geolocalización de forma automática con una precisión aproximada de 15 metros, según explica Montaña Segura, sin que tengas que hacer nada más que mantener la llamada. Como complemento, apps oficiales como My112 —desplegada de forma progresiva por comunidades desde 2017, con funciones adicionales de seguimiento del recorrido en Castilla-La Mancha— o el visor de Mapas de España del IGN permiten compartir tu posición por datos si la voz falla. Ninguna de las dos sustituye a la llamada: son un refuerzo cuando la cobertura es escasa, no la vía principal de aviso.
¿Es mejor quedarse quieto o intentar bajar cuando te pierdes?
Como norma general, quedarte quieto donde puedas describir con claridad tu situación es más seguro que moverte sin certeza, porque cada metro que caminas al azar amplía la zona en la que tienen que buscarte y te va agotando. Moverse solo tiene sentido en dos casos: que exista un riesgo inmediato en el sitio donde estás —piedras sueltas encima, una tormenta eléctrica acercándose en cresta, el frío empezando a hacer mella— o que tengas una referencia segura y reciente muy cerca, como un cruce de sendero que viste hace pocos minutos o un refugio a la vista. Fuera de esos dos supuestos, la prioridad es parar, refugiarte del viento si lo hay y esperar a que el aviso al 112 se traduzca en un rescate en marcha.
¿Qué comunidades autónomas cobran por un rescate de montaña?
Cataluña, Asturias, País Vasco y Cantabria tienen marco legal para cobrar el coste de un rescate cuando hay negligencia acreditada —salir sin el equipo adecuado, entrar en una zona señalizada como prohibida o usar los servicios de emergencia sin justificación—, pero en la práctica lo aplican muy poco: Cataluña, la pionera desde 2009, solo ha facturado 14 rescates en más de quince años y ninguno desde 2020. Aragón es distinto: repercute los gastos sanitarios del rescate, no el rescate en sí, a través del seguro de quien lo tiene. En Navarra, el rescate aéreo de los Bomberos sigue siendo gratuito para el rescatado en la práctica, aunque exista base legal para reclamar por vía judicial en casos de negligencia manifiesta.
¿Qué hago si me sorprende la noche sin haber podido bajar?
Buscar cuanto antes un resguardo del viento y de la humedad del suelo, aunque sea una simple oquedad entre rocas, y aislarte del suelo con lo que lleves —mochila vacía, ropa de repuesto, una manta térmica— porque el frío se transmite antes por contacto que por el aire. Ponte toda la ropa seca que tengas, en capas, evita cualquier prenda de algodón mojada y usa la manta térmica como capa exterior si no llevas nada más impermeable. Es una pernocta de necesidad, no un vivac recreativo: no depende de la cota mínima que exige cada parque para acampar por gusto, sino de mantenerte seco y protegido hasta el amanecer o hasta que llegue el rescate. Vigila los primeros signos de hipotermia en ti y en tus compañeros, y si tienes cobertura, mantén informado al 112 de que vas a pasar la noche en el sitio.
Verificación editorial

Fuentes oficiales consultadas.

  1. Institucional

    Llamada al 112 en montaña · Montaña Segura · Gobierno de Aragón y Federación Aragonesa de Montañismo

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  2. Institucional

    Mapa, brújula y GPS · Montaña Segura · Gobierno de Aragón

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  3. Institucional

    Consejos del GREIM sobre seguridad en montaña · Guardia Civil · Servicio de Montaña (vía Blog Barrabés)

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  4. Recurso web

    (2024) · Rescates de montaña en España 2024: resumen estadístico · La GIStería

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  5. Institucional

    (2026) · Qué hacer si te pierdes en el monte · Cruz Roja Española

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  6. Institucional

    Licencia federativa de montaña · FEDME · Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada

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  7. Institucional

    (2026) · Seguros y tarjetas federativas 2026 · Federación Madrileña de Montañismo (FMM)

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  8. Institucional

    My112: nueva función de seguimiento para localizar a personas perdidas en el medio natural · Servicio de Emergencias 1-1-2 de Castilla-La Mancha (vía CMM Media)

    Ver recurso
  9. Institucional

    My112: aplicación de emergencias · Junta de Castilla y León

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  10. Institucional

    112 de la Comunidad de Madrid · Comunidad de Madrid

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  11. Recurso web

    (2009) · Rescates en Cataluña, las negligencias se pagan · Desnivel.com

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  12. Recurso web

    (2024) · De Asturias a Cataluña: las regiones que obligan a pagar un rescate en la montaña · The Objective

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  13. Recurso web

    (2024) · ¿Cuánto cuesta un rescate de montaña? ¿Lo tiene que pagar el afectado? · El Debate

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  14. Institucional

    Seguridad en Picos de Europa: datos GREIM 2024 · guíarutas

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  15. Institucional

    Seguridad en el Pirineo navarro y Larra-Belagua · guíarutas

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